sábado, 27 de agosto de 2022

 

              ETERNO PRESENTE

 

Un día más vuelvo mis ojos hacia ti, padrepueblo de Campillo de Llerena, desde mi ausencia extrema y dura, para fundir en azul de tinta y blanco de folio los sentimientos que nacen en ese rincón donde se guardan las emociones que nacen en el páramo desierto de tu ausencia dolorida.

Y vuelvo a vivir sensaciones al pisar tus aceras grises, y tus calles tendidas al sol, con sus paredes blancas de cal. Revive ante mis ojos el añorado Caracol, con su vestido de ladrillo rojo, compañero y amigo, testigo y escenario de risas y alegrías, de penas y de llantos, de juegos y emociones desde su mudez de barro y cal.

Revivo la Plaza de la Bellota, con su fuente de granito de cuatro caños, y sus avispas al mediodía, en el trajín de idas y venidas de los cántaros, las charlas interminables y el sestear de algún burro adormecido.

En el medio como un vigilante eterno una farola de un solo ojo, con su luz ambarina, para poner foco al escenario que nacía entre sus bancos y árboles cuando caía la tarde y se hacía la noche.

Y la siempre añorada acacia mimosa, que nos ponía cortina verde de hojas,  amarillo de sol en sus flores y el aroma infinito de la primavera corriendo por sus venas de resina roja. La infancia se quedó grabada para siempre entre el rumor del agua y el vuelo en rimas de las queridas golondrinas, entre las caricias que gastaron  del viejo granito.

Un poco más allá el Pilar Nuevo, hoy vuelto a la vida, era también escenario de unas vidas que se escribían en torno al agua. A los lados burros y mulas con grandes ojos, con miradas de color azabache, apartaban el limo y esquivaban los nerviosos zapateros para calmar su sed mientras nos miraban sin comprender.

Más allá el Rodeo con su almacén para el trigo y su grupo de Escuela y sus porches, donde vinieron a parar nuestros primeros sueños, donde conocimos el blanco de las primeras letras, en los folios negros de una pizarra, y la paciencia infinita de maestros que hoy sonríen al verte desde los recuerdos compartidos.

A lo lejos el Cañuelo sonríe en verde eterno de cañas en flor mientras su puente de un solo ojo hace un guiño a la nostalgia, y me recuerda que él sabe y escucha, mira, acompaña y guarda entre sus paredes y su lecho de agua las mil y una historias que nacieron y murieron al cobijo y calor de su compañía, al amparo de la luna con traje de fiesta con lentejuelas de estrellas, y música de agua de arroyo enamorado.

Momentos eternos de besos y canciones, manos entrelazadas y miradas encendidas tras la cortina oscura de la luna nueva, voces que se quedaron prendidas entre las ramas invisibles de un silencio infinito.

Sobre los folios verdes de los cercanos olivos y encinas se escriben poemas de versos encendidos y promesas de amor con letras de estrellas en la mirada.

La silueta erguida de la torre de la Iglesia se hace faro en el momento del atardecer, mientras el sol juega al escondite en los huecos de sus ventanas, y las cigüeñas observan la vida cotidiana desde la atalaya de su nido.

El Castillejo nos mira con ojos de piedra y sonrisa cómplice, mientras nos recuerda que hay miles de historias escritas entre sus piedras, con letras de candilitos en flor y aromas de siembra verde a sus pies,

Momentos infinitos fundidos en la eternidad de un paisaje que se ha hecho parte de muchas vidas, de un tiempo que vaga por nuestras mentes, por nuestros corazones, donde quedó a la espera de ser revivido cada vez que el alma busque un reencuentro con nosotros mismos.

Y allí, en lo más profundo de nuestro yo, en una habitación del alma, a la espera de solo una palabra, una música, una mirada, vive ese principio y eterno futuro, ese presente infinito que se llama Campillo de Llerena.


  

                   Foto y texto de Juan José Hernández Maldonado 

                   https://youtu.be/FXE7PPn1Ruc

sábado, 2 de julio de 2022

 

                                AL SOLDADO DESCONOCIDO

 

Tiene el uniforme  descolorido y marcado por sudor y  tierra, miedo y sangre. La gorra calada hasta las cejas impide conocer su rostro, y una barba de varios días esconde aún más su cara. Con dura resignación ha escuchado su nombre para el último turno de guardia junto a las ruinas del viejo castillo.

Allá arriba, en la cima del cerro, la soledad es aún más dura, susurra y muerde, alienta el miedo y atenaza el cuerpo. Allá abajo, junto al arroyo los compañeros intentarán descansar y conciliar el sueño gracias a su esfuerzo y al de otros como él que también harán su turno de guardia.

Las manos están ateridas por el frío, y las frota una y otra vez buscando un poco de calor. Un viejo capote cubre su cuerpo mientras sus piernas escriben pasos de norte a sur y de este a oeste, recorriendo aquel minúsculo punto de mira que domina los cercanos cerros y los valles dormidos.

Al amparo de un chamizo de ramas y algunas maderas el improvisado refugio protege del intenso frío y las heladas, mientras sus ojos se afanan por ver más allá del horizonte que se extiende a sus pies, y sus oídos leen  en los ruidos de la noche buscando amenazas.

Encinas y alcornoques, matorrales y jaras tapizan una tierra áspera y dura, donde el aire caliente quema en verano al respirar, y en invierno el frío y las heladas muerden con colmillos de hielo y escarcha.

El cercano arroyo pone un cinturón de plata y vida  a un paisaje que parece anclado entre la nada y el tiempo.

Un poco más arriba del puesto de guardia, allá en el cielo, las nubes que han estado bailando toda la tarde sobre los valles y los cerros ahora se han juntado, y formando un techo oscuro han comenzado a llorar olvido y soledad, resonando sus pasos de lluvia sobre las hojas de los árboles, sobre la tierra muda, sobre un silencio oscuro que envuelve y empapa, que atrona en los oídos y encoge el alma.

Intentando refugiarse de la lluvia se ha adentrado un poco más sobre el chamizo de ramas y maderas. Rebuscando en los bolsillos ha encontrado su petaquera de cuero y su mechero. Tras encender el pitillo ha dado una profunda calada mientras ha cerrado los ojos, y sus pensamientos han volado lejos.

Y ha recordado a su familia, tan lejos y tan cerca ¿Qué habrá sido de ellos, seguirán vivos? se ha preguntado. Malditas sean todas las guerra ha pensado, mientras unas gotas de lluvia le han llegado hasta la cara fundiéndose con unas lágrimas rebeldes.

Y piensa en un mañana cuando todo esto acabe. Volverá a su casa, al lado de los suyos a intentar vivir y a olvidar si fuera posible. Mañana, cuando se vayan estas nubes de guerra, cuando se haga de nuevo de día, ha de haber una esperanza.

Mientras apura la colilla ha cerrado los ojos por enésima vez. Y ha volado por encima de la lluvia, de las nubes, del tiempo.

¡Aquí hay algo! Aquella voz resonó sobre el cerro, sobre las ruinas del puesto de guardia. La pequeña paleta y la brocha al remover la tierra sacaron a la luz un trozo de un uniforme ya descolorido, manchado de sudor y tierra, miedo y sangre.

Poco a poco se unieron más paletas y brochas hallando el cuerpo de una persona. Decenas de años  cubrieron aquel cuerpo de olvido, silencio y tierra. No habrá letras para su nombre, ni foto para su rostro, pero si lágrimas para su ausencia.

Decenas de años después, en un amanecer de primavera, un abrazo digno de tierra acoge a un cuerpo, mientras una oración se eleva al cielo pidiendo paz eterna para un soldado desconocido.



                                Foto de Juan José Hernández Maldonado

                                https://youtu.be/eTYRE7vMRs4


sábado, 7 de mayo de 2022

 

                              SILUETA   

Desde los pasos solitarios de mi soledad a cuestas aprendí a dibujar tus pasos para hacer un solo camino de dos senderos paralelos y un mismo destino.

Desde la sonora oscuridad de mi silencio callado aprendí a encender tu voz  cada amanecer para iluminar los rincones redondos de mi caminar en tu espera.

Desde la sequedad desierta del vacío absoluto aprendí a dibujar tu nombre con las letras de tu beso para hacer de cada día un oasis de luz y esperanza.

Desde la nada infinita de mi universo a oscuras aprendí a encender las estrellas de tus ojos para alumbrar mis anhelos a la luz de tu mirada.

Desde el páramo yermo de tus caricias ausentes aprendí a dibujar sensaciones con las flores de unas letras, y les hice un florero para ti en la nube de un folio.

Desde el doloroso silencio de tu ausencia callada aprendí a soñar músicas    en el pentagrama de una sonrisa que estreno para ti cada nuevo amanecer, cada nuevo encuentro en las aceras de un beso.

Desde la vida que se duerme cada anochecer aprendí a vivir cada segundo compartido cuando despierta el día al encuentro con tu mirada, con tus manos y tu abrazo.

Desde las horas de piedra que no pasan en el reloj de la espera aprendí a vivir cada instante y llenarlo con sesenta segundos de vida.

Desde la habitación en duermevela  de mis letras en sequía aprendí a escribir tu ausencia con palabras de carne y beso, y rimé imposibles a contravía en el folio de un sueño.

Desde el pentagrama mudo  de los sueños por nacer aprendí a cantar en colores la sinfonía en arco iris de tu sonrisa de coral y primavera en mi ventana.

Desde el jardín ausente de las flores de  tu risa  aprendí a dibujar la primavera  en cada letra y cada nota, en cada instante y cada lugar.

Desde el momento  supremo de sentir tu universo sobre mi  piel  he guardado mis sueños en el cofre de un folio. Y he plantado una rosa azul de tinta en la playa sonrosada de tu mejilla dormida.



                                       Foto de Juan José Hernández Maldonado

                            https://youtu.be/uwHNqgPWLWQ


lunes, 4 de abril de 2022

 

                                                                 NIEBLA

Con las primeras estrellas asomando por el balcón del cielo aquel barco, pescador de letras, decidió arriar las velas y echar el ancla. Avanzando desde la línea curva del horizonte una densa niebla avanzaba con pasos de ola directa hacia el barco.

Los vientos alisios, amigos y compañeros, hacía rato dejaron de soplar y una calma chicha alfombraba el mar. El aire callado y quieto olía a temor y miedo, a inquietud, y los amigos delfines habían cesado en sus juegos y buscaron aguas más profundas como presintiendo.

Viriato, el perro fiel y guardián, se asomó a la cubierta y tras dar unos pasos levantó su hocico y olisqueó el aire. Mirando hacia el horizonte y luego al cielo dio media vuelta y volvió a la sentina, a su mullida manta.

Unas botas de cuero recio y unos pasos firmes resuenan sobre la cubierta. 

Apoyado sobre un tonel un catalejo se ha desplegado tratando de ver más allá de la niebla, allá donde el cielo se une con el mar. De norte a sur y de este a oeste ha recorrido los cuatro puntos cardinales buscando.

Con la mirada anhelante ha recorrido los costados del barco, de estribor a babor y de proa a popa. Sus redes para pescar letras estaban bien amarradas en fardos blancos de folio y lona de hule con tapas de color azul.

Dos mástiles de cristal y corazón de tinta sostienen las velas de los sueños, ahora plegadas, sujetas con gruesas maromas de incierta realidad.

Al timón un marinero  corazón que late ilusiones y que mantiene el rumbo con la brújula de la esperanza. En un rincón sobre la cubierta un ancla hecha de recuerdos aguarda el momento de ser echada al mar, y revivir emociones al compás del cabeceo del barco y el suave rumor de las olas.

La niebla es ahora un tapiz oscuro que oculta cualquier luz y difumina la realidad entre sus fronteras difusas. La superficie del mar se ha llenado de dudas espesas que impiden al barco avanzar, y la corriente,  como cansada de empujar, se ha hecho un remanso entre las dudas flotantes.

Tras guardar el catalejo en su caja de madera se ha abierto un viejo mapa sobre una mesa redonda, calculando longitudes y latitudes.

Quizás se impone un cambio de rumbo, una búsqueda en pos de  nuevas letras, nuevos amaneceres. Guardando el viejo mapa en una carpeta se ha tumbado sobre una hamaca. Fuera sobre la cubierta ha empezado a llover.

A lo lejos, sobre el lejano horizonte, un tímido rayo de sol rompe el silencio oscuro. Una suave brisa ha comenzado a soplar lentamente, y se ha empezado a abrir una ventana en ese lugar que llaman la mañana. 

  


                             Imagen bajada de la red

                             https://youtu.be/qzeVNhq17WE


  
 

lunes, 7 de marzo de 2022

 

                                                  EN EL PRINCIPIO

 

En el principio era el sueño. Transparente y sin formas fué a nacer un día cualquiera, de un tiempo indefinido, en un calendario sin hojas ni tiempo.

Empezó a caminar por un espacio sin medidas, en medio de un silencio oscuro, entre tonos de gris ausente. Aconteció que en un recodo de la nada se encendió un rayo de luz.

Y conoció al sol,  la luna  y las estrellas. Al abrigo de su luz y su calor se quedó dormido. Al despertar se vió caminando de la mano de ellos por un paisaje imaginario, que crecía según lo ideaba.

Tras cada paso le fueron poniendo nombres a todo aquello que podía imaginar. Al suelo blanco que pisaba lo llamaron folio, y estaba cubierto por bellas criaturas azules que llamaron letras, con las cuales se formaban palabras, y con éstas se podían decir cualquier cosa y se reflejaba cualquier modo de vida.

Un poco más lejos conoció un corazón con el alma transparente, y supo que él daba forma a las letras  desde un lugar llamado sentimientos, donde nacían todas las formas. Y las llamaba amor, cariño, afecto, aprecio, amistad, odio, rabia, encono., etc.

Prosiguió su camino y en otro recodo volvió a estar dormido. El suave ruido de unos pasos lo hizo despertar. Y conoció al tiempo. Y le habló de su pasar sin ser notado. A sus pasos los llamaban tic tac, y aunque lo encerraban en jaulas de todas formas, él era libre, pasaba siempre sin  pedir permiso a nadie.

A veces lo acompañaban unos amigos a los que llamó números. Eran de formas curiosas y con el cuerpo de colores. Le contó que toda la vida conocida se regía por sus pasos,  y que tenía tres habitaciones en su alma, ayer, hoy y mañana, donde el ayer estaba escrito y era pasado, el hoy se escribía a cada momento, y el mañana era el porvenir que esperaba ser vivido y escrito.

Si quieres desde hoy iré contigo le dijo al sueño, sin que me notes, sin decirte nada, pero a tu lado, y sonrió con la sonrisa de sus  agujas  a las diez y diez.

Al poco camino andado miró hacia lo alto y descubrió un techo de azul infinito, y en él unas formas blanco de nieve. Y le contaron que eran las nubes, y supo que en ocasiones vestían de oro y rosa,  de gris o negro, y discutían con voz de trueno y saltaban chispas en sus enfados. También que lloraban y sus lágrimas eran llamada lluvia.

Supo también que tras la lluvia el sol salía  a veces y sonreía y nacía entonces el arco iris.

Y así luz y folio, bolígrafo y tiempo, cielo y nubes, fueron conformando el paisaje de una historia  que se empezó a escribir en una tarde de invierno al abrigo de un sueño.

A lo lejos el mar alzó su voz de espuma y olas mientras abraza al sol entre nubes de oro.



                             Foto bajada de la red

                             https://youtu.be/hD4KMp22jBg


lunes, 10 de enero de 2022

 

                               UN ÁNGEL SOBRE LA PISTA 

 

Con creciente temor y los nervios a flor de piel, con el corazón latiendo cada vez más deprisa ha vuelto a acariciarse la rodilla derecha, mientras ha perdido la mirada entre las cercanas gradas.

 Había entrenado fuertemente durante varios meses y se sentía con fuerzas y confianza. Pero aquella vieja lesión en la rodilla era un constante temor a flor de piel.

Habían sido tres las veces  que se había salido de su sitio  provocando un horrible dolor e hinchazón. Ahora al tener que forzarla volvía a sentir angustia y temor. A su lado un grupo de hombres se preparaban como él para afrontar aquellas pruebas que iban a marcar el futuro de cada  uno de ellos.

La primera prueba consistía en correr cincuenta metros en menos de once segundos,  y en la segunda  había que correr un kilómetro en menos de cinco minutos.

Durante  la primera prueba sintió un ligero pinchazo  en el muslo de su pierna derecha pero pudo superarla sin contratiempos.

La segunda prueba era sobre una pista, unas líneas blancas paralelas sobre el tartán   y un kilómetro por delante serían las puertas que marcaban el antes y el ahora, el si o el no de un futuro incierto. Las gradas, con familiares y amigos, eran un empujón de ánimo con sus voces de apoyo.

Minutos antes de la salida compartieron miedos y esperanza, temores e ilusiones. De un bolsillo del pantalón sacó un spray calmante del dolor y lo extendió sobre su rodilla y su pierna. A su lado una voz morena se lo pidió y lo extendió  también sobre sus rodillas.  Tras desearse suerte mutuamente, al momento se dió la salida.

Aquella voz morena se puso a su lado y le dijo como en un susurro … ponte a mi lado,  yo te llevaré, llegaremos juntos. Y fue desapareciendo el miedo y la angustia. Y el paso se hizo sostenido y firme y vió que podía, que era posible conseguirlo.

Mientras corría junto a la voz morena iba como flotando  mirando el reloj, mientras le daban la vuelta a la pista. Al llegar a la última curva aquella voz preguntó el tiempo consumido, y al saberlo sonrió en arcoíris.

Al poco tiempo cruzaban la meta y entregaban sus dorsales. Habían superado la prueba, y se fundieron en un abrazo. Recogieron sus certificados y volvieron a sonreír.

Un último apretón de manos y un hasta pronto se dibujó en el aire mientras abandonaban el estadio.

Ojalá la vida te haya sonreído, hermano de voz morena.    

 


                                      Foto bajada de la red

                           https://youtu.be/MkS1SBPHN44


lunes, 13 de diciembre de 2021

 

 

                                 TIEMPO A LA ESPERA

Fue a nacer un año sin números, en unos días sin fecha en el calendario, en un tiempo sin medida, entre las cuatro estaciones, en un espacio entre el alba y el mediodía, entre el ocaso y la noche.

Transparente y sin formas se dispuso a caminar  su vida sobre una blanca almohada. Abrió la ventana de la realidad y el aire del sueño donde nació se llenó de matices.

Olía a verde turquesa de primavera en flor, a rosas encarnadas de mayo en unas mejillas, al amarillo dorado de unas espigas cargadas de ventura. Y olía al canto de una chicharra cuando el sol se tumba sobre la dehesa para hacer la siesta. Olía a ocre y brisas de otoño, cuando el tiempo se viste con hojas marchitas  y calza sandalias de pasos entre surcos a la espera, entre notas de amarillo en el parque y arroyo sediento de esperanza.

Huele también a nubes oscuras estallando sobre el lienzo del cielo, a los primeros fríos paseando por las calles del día, a las primeras lluvias derramando vida por los renglones de la madre tierra. Después olió  a nubes de rocío y viento helado, a nieve en las cumbres del tiempo, a vaho tras los cristales y a cuentos al compás del baile delas llamas, y la danza del humo en su ascenso hacia la nada.

El tiempo le fue dibujando surcos en su piel transparente, y en sus sienes de alba y luna pintó la blanca capa de la nieve recién caída. Y llenó sus oídos con el suave aroma de mil canciones con colores de arco iris, y pintó su horizonte con oro del amanecer  y rosas y añiles del ocaso, y con luz y sombras al mediodía, y luna con traje de fiesta para noches en duermevela.

En una pared encalada, en una esquina con tres puntos cardinales se ha sentado acariciando el tiempo entre sus manos. Ha sonreído entre letras azules y se ha quedado dormido. De vez en  cuando se despierta, se viste de vivencia, y se asoma al mundo de los sueños.

Sus pasos azules se quedan grabados en una playa de arena blanca, en un mar hecho libro, en un deseo, en un sueño que nace y vive entre letras.  


                 

                                     Foto  J.J. Hernández Maldonado

                                     https://youtu.be/rQO7AW4AF-s

domingo, 7 de noviembre de 2021

 

                                                        DIJISTE VEN

Dijiste ven en la ventana de mi amanecer. Y llenaste de luz un nuevo día. Y aquella ventana se encendió de aromas de arco iris y de colores de primavera en flor.

Dijiste ven, seremos. Y mi mediodía se llenó de luz y colores. Luz para jugar al escondite entre aceras al sol y paredes de cal y folio. Color,  para encender mi mirada en el espejo de la tuya, para hacer de tu presencia una hoguera de ilusiones.

Dijiste ven, seremos. Y mi atardecer se llenó de nubes de oro y horizonte entre dos miradas al borde de un sueño. Y las nubes jugaron a dejar de ser sueños, y se vistieron de realidad con traje de oro y rosa. Y el horizonte se fundió en una línea infinita con el cielo vestido de nubes de algodón dorado.

Dijiste ven, seremos. Y mi ocaso se acurrucó en tu almohada con traje de luna y estrellas. Y en su cuna creciente dormiste mis sueños con nana de palabras azules y besos de letras en flor, al cobijo de sábanas de estrellas estampadas de sueños y luna llena.

Dijiste ven, seremos, e hiciste de mi madrugada un camino transparente entre anhelos en duermevela. Entre tu almohada y mi sueño, entre tu anhelo y mi deseo hiciste un puente de renglones azules, donde caminaron nuestros sueños desde tu orilla hasta mi beso, desde tu corazón hasta mis manos.

Dijiste ven, seremos. Y tu mirada se hizo mi universo, tus manos se hicieron mi mundo y tus palabras mi norte y mi guía. E hice mi bandera con los colores de tu risa y el aroma de tus besos, con   la luz de tu mirada y la seda de tus manos.

Dijiste ven, seremos. Y hay un camino tras cada amanecer, hay una nueva esperanza tras cada abrazo, una nueva ilusión tras cada beso.

Dijiste ven seremos.  Y me abracé a tus ojos, a tus manos, a tu vida.

Dijiste ven, seremos…Y todo empezó contigo. 


                                  Imagen bajada de la red

                                  https://youtu.be/Cvpm7ckpd_M

viernes, 24 de septiembre de 2021

 

                                  A DIEGO MATEOS

En  esta tarde de otoño, preñada de nubes de tormenta y llanto de lluvia, me asomé un día más a la ventana de mi ático para mirar un poco más allá dónde nace el horizonte, donde el cielo y el mar, la montaña y el deseo me acercan a ese universo paralelo llamado Campillo.

Y paseé un día más por mi infancia tan lejana y próxima a la vez, y entre imágenes mil veces vividas y sentidas a flor de piel una sobre todas llamó a mi corazón, una persona entrañable como pocos ocupó mi mente: Diego Mateos, el Barbero.

En la calle llamada Calvo Sotelo, hoy Mesones número 11 tenía su barbería. Era obligada entonces la visita  de hombre y niños a la barbería de Diego, y allá que íbamos. Desde aquellos lejanos años  siempre me llamó cariñosamente Josefillo, y con su sonrisa franca y sincera me recibía para cortarme el pelo, mientras me subía en una silla.

Mis cinco años se derrumbaban en un mar de lágrimas que Diego intentaba calmar con historias y mucho cariño, mientras sus manos movían la máquina y el peine cortando el pelo.

 Las lágrimas se iban secando al compás de mil historias, y cuando por fin acababa su trabajo el alivio dulce de un caramelo y una sonrisa blanca ponían unas gotas de alegría en los ojos de aquel pequeño diablillo.

Poco a poco Diego pasó a  ser  un amigo grande para todos, pero en especial para mi. Yo vivía entonces en la casa de la abuela Josefa junto a la barbería, y ésta se transformó  en un lugar dónde conocer mil gentes y mil cosas.

Allí había un mundo por explorar, un universo de sensaciones que fui descubriendo poco a poco, día tras día, visita tras visita al amigo Diego-

Siempre me llamó la atención lo limpio que estaba todo, desde el material hasta el suelo, los espejos, las sillas, todo reflejaba limpieza y orden. Las paredes de la pequeña habitación estaban empapeladas con propaganda de películas que antes o después se vieron en el cine Cervantes, de grato recuerdo.

Allí descubrí personajes del oeste americano, folclóricas en su momento cumbre y  paisajes de leyenda.

Sobre un armario blanco un botijo con agua fresca nos invitaba a calmar la sed, mientras una vieja radio daba las últimas noticias en “ el parte” de la hora en punto que marcaba un no menos viejo reloj que compartía estantería. Colgados en la pared los resultados de la quiniela de la semana y en un banco corrido  aguardaban revistas y periódicos.

Allí descubrí el mundo de la radio y los diarios, a base de verlos intentando comprender sus escritos, pero sobretodo conocí la magia de las tertulias que se formaban a cualquier hora. Fueron muchos los amigos que quisieron compartir un rato con Diego, y se pasaban las horas en animada charla con él, mientras sus manos se afanaban en un afeitado o buscaban la mejor imagen para el corte de pelo.

Ya de mayor seguí  yendo hasta allí para escuchar historias de la  gente  en aquel manantial de vivencias que era la barbería de Diego.

Desde mi lejano exilio, cuando la tormenta enciende música de truenos y la lluvia pone nota ausente, regreso a mi mundo real, y cierro la ventana de mi ático mientras lanzo al aire esta carta en homenaje profundo y sincero a un amigo...  Diego Mateos, el Barbero.


                                     
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                                        https://youtu.be/EBcaFpHJPZI
 

 

   

sábado, 28 de agosto de 2021

 

                                          PASEO NOCTURNO

Con  pasos dorados entre nubes de algodón y pinceladas de añil y rosa la tarde se fue marchando por el sendero curvo del lejano horizonte. Mientras se iba alejando se abrieron las ventanas del cielo, y aquel techo infinito se fue llenando de estrellas que me invitaban con sus guiños que les acompañara en un paseo nocturno.

Acepté encantado la invitación y con la ilusión por equipaje fui caminando ilusiones por los senderos de la noche, a la luz de sensaciones en carne viva.

Y volví a leer aquellos pasos que un día fueron luz y espejo,  y encendí la luna llena de las vivencias que nacían al calor de un sueño al otro  lado de la almohada.

Sonaron  de nuevo aquellas músicas que fueron cómplices y amigas, y sonreí entre compases de tic tac y notas irisadas en un pentagrama de emociones.

Todo seguía igual y todo había cambiado en aquel rincón en las fronteras de la madrugada. Las paredes son horizontes de luz con paisajes  de alba y atardecer. El techo cuajado de estrellas es un lienzo infinito donde pintar deseos  con  pinceles luminosos de estrellas fugaces.

La luna llena es un folio de luz para escribir sonrisas en las claras del día. El aire nuevo  trae aromas de primavera en flor en la playa de una sonrisa infinita, en el reflejo dorado de una mirada  que se hace espejo de la tarde.

Sentado en un banco sin fronteras el tiempo me ha sonreído mientras ha parado su pasar bajo el calor de una farola en flor. Entre sus manos me trae un corazón transparente y una mochila infinita. Uno para vivir  nuevos sueños, la otra para guardar las sensaciones nuevas que nacen a la luz de un nuevo horizonte.

Y las calles se han vestido de colores con el reflejo irisado de mil persianas y el guiño tricolor de los semáforos al borde del tiempo. Y los árboles han comenzado a bailar de la mano de la suave brisa de la madrugada. Un cortejo de hojas danzantes forma cortina y alfombra al paso de unos recuerdos por vivir.

Caminando emociones he llegado hasta el mar. Eterno amigo y cómplice sonríe con luz de luna llena y cálido abrazo de espuma blanca. Almohada y folio la playa me saluda con sonrisa de olas en flor y canciones de sal y luna. Y me uno, una noche más, con la inmensidad azul que forman cielo y mar.

Allá a lo lejos, donde el cielo se une con el mar, tímidamente asoman los primeros pasos  del amanecer  con ecos de rosa y oro, y besos de estrellas en su despedida.

En homenaje a todos al aire, al tiempo, al mar, a la luna y las estrellas, a la música y las letras, a los árboles, he dejado una rosa en la playa para que el mar y el viento la lleven hasta ese lugar donde nacen todos los sueños, al otro lado de la realidad.

Al llegar el nuevo día una mirada de universo me abraza para seguir soñando, para vivir.



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                                         https://youtu.be/dRU-pxCn2qo



domingo, 20 de junio de 2021

 

                      COMO SIEMPRE

Hoy vienen mis letras buscándote, como tantas otras veces, como tantos folios antes. Vienen buscando la luz de tu sonrisa al otro lado de la realidad, la música azul de tus pasos por los renglones del día, y la irisada cortina de tu mirada cuando me abrazas al nacer el día.

 Camino hacia la tarde por un folio que se llena de caminos azules. Busco entre las doradas nubes palabras nuevas, letras por nacer que sean espejo infinito de ese arco iris que nace cada vez que te pienso. 

Y cada vez que te nombro lo hago en voz baja por temor a que se rompan las letras de tu nombre. Y cierro los ojos al nombrarte por temor a que se apaguen las estrellas del universo de tus ojos.

 Escucho el canto de un coro de jilgueros entre la verde primavera de un limonero en flor, y sus trinos se hacen cortina y paisaje mientras te busco, una tarde más, entre las rosas de la tarde y el oro del atardecer. Entre esas palabras que nunca nacen pero sientes a flor de piel, entre esas sensaciones que se niegan a ser solo letras, pero que aceleran el corazón y encienden la mirada.

 Se vuelven músicas en carne viva las caricias de tus manos al encuentro con las mías, y las olas de tus besos se tornan amapolas de espuma encarnada en la playa de mis labios hechos trigales y mar, océano y siembra, bajo el cielo azul con sol de besos en una almohada de luna llena.

 Se está  yendo la tarde tras la línea azul del lejano horizonte. Ha cesado el canto de los jilgueros y el danzar del aire entre los árboles. Se ha apagado el oro y rosa del atardecer sobre el horizonte, y las nubes visten traje oscuro de noche con lentejuelas de estrellas.

 Un collar de luz de plata hecho de luna llena se enciende en el techo del cielo. Una tarde más, como tantas otras, he salido a buscar letras nuevas para inventar palabras, y en folios nuevos soñar nuevas emociones a la luz de tu presencia, al cobijo de tu abrazo, al calor de tu beso.

 Hoy vienen mis letras, mis ojos y  mi corazón buscándote, como tantas otras veces, como tantos otros folios, como siempre.



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                                  https://youtu.be/lzadpZukzWs

domingo, 23 de mayo de 2021

 

                             POEMA

Paseaba por  un bosque azul a la luz de las luciérnagas. Una cortina musical con olor a primavera le envuelve y la canción de mayo en verde esmeralda en las hojas de su ventana acaricia sus sentidos. Una mariposa vestida de sol naciente se posa en su hombro y le susurra un mensaje en sus  alas abiertas.

 Al otro lado del bosque una sonrisa de mar en calma le invita a abrirlo. Era un poema dormido entre olas azules. Entre sus formas de palabras de azul espuma escondido había un sueño de voz entre silencios.

 Y aquella voz se hizo arco iris y dibujó esperanzas en días grises de tormenta y lluvia. También era la semilla de esperanza para la nueva primavera, cuando el invierno vestía de frío y escarcha los cristales de su ventana. Y aquel poema se hizo caricias cuando la soledad pintaba de gris  el paisaje del amanecer a oscuras.

 Y también se hizo música cuando el silencio caminaba pasos sin tiempo en un reloj sin números y sin fronteras. Se hizo horizonte cuando su ventana se quedaba cerrada en  días de lluvia y vientos de ausencia. Poema hecho arroyo susurrante cuando el estío secaba las  horas, y caían las hojas de los días en un calendario que colgaba en la pared transparente de un sueño.

 Fué la voz que clamaba entre mil ajenas realidades, poniendo faro y guía entre gris de asfalto y aceras a ninguna parte. Fué lluvia cuando el otoño marchitaba sueños, y regaba con lluvia de letras la sedienta faz de un folio en espera. Y fué a la vez el tibio sol de enero para deshacer la escarcha que dibuja en una almohada una sonrisa ausente.

 Poema de verde turquesa para vestir de primavera el aire que canta  canciones de jazmín y amapola, y rima canciones de colores entre las letras aladas de golondrinas en flor. El sol ha salido en el bosque azul, entre las verdes letras con traje de fiesta y esperanza.

 Las nieblas de la realidad ascienden hacia el cielo hasta perderse en un folio sin renglones ni letras. Y aquel poema se hizo transparente, se fundió con la nada y se perdió en la nada. Un libro de tapas azules con las hojas en blanco reposa en una orilla del camino.

 Todo está por hacer, por sentir, por soñar.

 Era un poema, quizá solo eso.



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domingo, 25 de abril de 2021

 

                               TIEMPO DE ROSAS

Hoy quiso mi atardecer volver a pasear por aquel paisaje vestido de verde eterno, por aquella escalera tachonada de rosales en flor. Unos latidos ansiosos volvieron a subir por aquellos escalones grabados con recuerdos en flor, con pétalos en carne viva.

 Como por arte de magia se hizo una nube en el aire y me adentré en ella. Entre mis manos, entreabierto,  un libro de tapas azules donde escribías tus ideas y pensamientos, tus poemas a flor de piel. Mientras tus ojos dibujaban infinitos en mi eterna duda tus manos pintaban mariposas  en el aire, mientras mi mirada navegaba azules singladuras entre las olas de tus letras.

 Y en ocasiones, en islas de letras y coral, dejaba una marca de pétalo encarnado o fuego vegetal entre las páginas de blanca espuma, cual boya de colores para reencontrar el camino de vuelta a la realidad. Olía aquel libro a mar de poemas en flor, a olas de rosas y espuma, a playa de pétalos y tinta, a arena de letras con vestido de arco iris.

Y al mismo tiempo las rosas se fueron transformando en notas musicales, y conformaron en el aire una sinfonía multicolor en un pentagrama de arena y pétalos, tinta y olas, letras y música. Y el aire se vistió de fiesta con perfume de colores y notas de mar y rosas, con letras de espuma y arena, tinta y pétalos.

 La vida pareció detenerse tras cada poema, tas cada pétalo entre letras, tras cada perfume entre las ramas verdes de mis sueños en el aire y una duda a flor de piel. Hoy, que vuelve a florecer la primavera, que los rosales cantan canciones de amor con letras de colores he vuelto a leer aquel libro.

 Entre sus hojas amarillas se quedó dormido el tiempo, entre sus renglones azules se quedaron ya secas las rosas flameantes de mil letras en carne viva. Entre sus tapas azules de mar y cielo en primavera se quedaron grabados los sueños y los deseos  que escribieron dos miradas de azul y atardecer.

 Tras un paisaje de verde eterno, en una escalera tapizada de rosales en flor un libro de poemas se ha encendido con la luz del atardecer.

 Al cerrar las tapas se iluminan en despedida unas letras ya marchitas con el suave perfume de las rosas.



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                                   https://youtu.be/F-cshju5Av4

sábado, 3 de abril de 2021

 

                                                               ELI, ELI

Había llegado el momento crucial, aquel instante preparado desde tanto tiempo atrás. El cielo azul limpio de nubes, aquel cerro descarnado en las afueras de la ciudad, aquella muchedumbre ansiosa de espectáculo.

El aire se  llenó de insultos e improperios mezclados con llantos sin medida y ayes de dolor. En un lado los soldados intentando mantener el orden en aquel caos, en otro las familias que lloraban sin consuelo, y en el medio …

Y de improviso una nube gigante, oscura como la noche sin luna, y redonda como una rueda, se interpuso entre el cielo y la tierra, entre las gentes y el sol, y se hizo la noche sobre el cerro, sobre la ciudad. Y la gente huyó despavorida al tiempo que un terremoto abrió la tierra de levante a poniente.

En medio de aquel caos una voz trémula se oyó decir “ ELÍ, ELÍ LEMÁ SABACTANÍ “ , y después “ TODO SE HA CUMPLIDO”, para acabar diciendo “ EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU”.

Y mientras inclinaba la cabeza aquel espíritu ascendía más y más. Y la nube redonda como una rueda y oscura como noche sin luna se encendió de fuego y surcando el aire se perdió en la nada.

Y cuenta quién lo vio que desde aquel momento empezó la cuenta atrás.

  

                             SAN JUAN 14, 1-12

La noche es oscura y cerrada llena de estrellas. El amanecer es tan solo una esperanza que ni siquiera asoma por el horizonte. El tiempo fluye como dormido sobre un aislado cerro descarnado, sobre una ciudad que duerme.

De lo más profundo de las estrellas una luz destaca por su brillo  que se agranda cada segundo. En un abrir y cerrar de ojos una forma difusa y transparente se ha situado sobre el cerro.

En ese mismo instante se ha parado el tiempo, se han callado los ruidos de la noche, y un silencio espeso se nota en el aire. Como saliendo de la nada un rayo de luz sólida ha cruzado el aire, y ha llegado hasta una losa de piedra redonda moviéndola de su sitio.

Al momento un brillo cegador ha surgido tras la losa dejando en el aire un olor a tiempo discurrido, a espacio liberado. Tras ese tiempo una suave brisa dorada se dibuja en el aire, y al momento dos seres se sientan junto a la losa redonda.

Se ha apagado la luz  sólida, ha cesado la brisa dorada y vuelven a escucharse los ruidos de la noche. El techo del cielo vuelve a ser una alfombra de estrellas, y aquella forma difusa y transparente es ahora una estrella más sobre el cerro descarnado.

Mientras la vida recupera su ritmo el alba asoma con pasos de amanecer en el horizonte. Entre los soñolientos olivos y los cercanos huertos unas voces femeninas se les oye acercarse.

En la casa del Padre hay mucha moradas. ( San Juan 14, 1-12).

Finaliza una cuenta atrás y  empieza otra.

En Oviedo y Turín están las llaves de esta historia.


  

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                        https://youtu.be/9HRt5UY1Gmo

 

martes, 9 de febrero de 2021

                                                                SOÑANDO                

En el portal abierto de un folio en blanco el nuevo día encuentra un sueño dormido  con un anhelo entre las manos. Cansado de caminar todo el día por las calles de la vida se ha sentado en el umbral azul de un renglón.

Empezó su caminar con el amanecer en la mirada, llenando sus pupilas de horizonte, y con aroma verde de jardín en flor se ha adentrado en las aceras del día. Mientras el sol jugaba entre luces y sombras, él caminaba silencios, como esperando. Detuvo sus pasos ante una fuente en flor que manaba aguas de esperanzas, y bebió hasta saciar su corazón.

Llegó después a un jardín con flores de amanecer de oro en pupilas de universo oscuro, y llenó su mirada de estrellas. Calle adelante caminó unos pasos con destino a un espacio sin nombre, a un lugar indefinido donde la nada se daba la mano con la ausencia.

Unos pasos más allá  llegó a un mercado dónde vendían ilusiones en nubes blancas de algodón, y también vendían racimos de sueños en almohadas transparentes. En tiendas hechas de aire vendían esferas de anhelos escritos con pájaros azules de letras en vuelo.

Más allá se ofrecían a la vista árboles con flores de letras por abrir. Colgadas de sus ramas en irisado abecedario aguardaban el mágico momento dónde un sol con luz azul las hiciese fruto en un sueño blanco de folio.

Y halló también una tienda con espejos reflejos de sonrisas, y guardó uno en el horizonte de sus labios. En una calle cercana vendían flores con olor a música. Hizo un ramo con canciones de colores  y lo guardó en el jardín de su alma.

Y el ocaso escribió en rosa la hora del atardecer. Mientras caminaba el cielo se oscureció, y se cubrió con negras nubes. Sin tiempo para cobijarse del cielo llovieron lágrimas negras sobre sus pasos, goterones oscuros de silencio y vacío.

Con el alma empapada de lluvia y el corazón aterido se ha cobijado en el portal solitario de un folio  al atardecer. Sobre el horizonte del mar el nuevo día dibuja su nacer entre letras de púrpura y oro.

En el portal abierto de un folio en blanco la realidad encuentra un sueño dormido con un anhelo entre las manos. 


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                                      https://youtu.be/37TnozVNX4I






         

jueves, 24 de diciembre de 2020

 

                   LA SEÑAL  (2a PARTE)

Caminaba el verano las primeras semanas de Julio plenas de calor y humedad. El cielo estrellado como nunca, en noche de luna nueva,  incitaba a salir a la explanada situada frente al observatorio y contemplar la bóveda celeste.

La calma y la paz de la noche se rompieron en mil pedazos cuando de repente sonaron todas las alarmas. Los ordenadores y los receptores de ondas anunciaban algo inusual. Los nervios disparados y las prisas por saber se adueñaron de la sala de control.

En las pantallas se dibujaba una intensa luz y un eco de radio sobre sus cabezas ¿Qué hacer en estos momentos? ¿Avisar a las fuerzas aéreas, al gobierno, de qué se le podía avisar y para qué?  

A toda velocidad y con los ordenadores trabajando al límite calcularon la trayectoria de una posible caída. Con estupor y espanto vieron que los números decían que caería muy próximo a la estación.

Así pues se prepararon para llegar cuanto antes al lugar del posible impacto. Cargaron sus vehículos del instrumental necesario y con sus localizadores se encaminaron hacia dicho punto.

Su sorpresa fue en aumento al comprobar que aquella luz era ya visible en el cielo. Una nube luminosa de color azulado descendió suavemente y se paró frente a ellos, como esperándolos.

La luz se puso en marcha iluminando el sinuoso camino delante de los vehículos que marchaban a toda velocidad entre polvo, curvas y revueltas, conduciéndolos hasta una aldea entre rocas.

La luz se detuvo sobre la aldea e iluminaba todo a su alrededor como si fuera de día, dejando ver una cueva que parecía estar encendida. De repente se hizo el silencio y todo quedó como suspendido en el tiempo.

La extraña luz se posó suavemente en la tierra  a la entrada de la cueva y apagó su brillo. Una vez llegados a la cueva los científicos se pusieron sus trajes antiradiación  y  con focos y linternas avanzaron hacia el interior.

 Intrigados por la luminosidad los científicos avanzaron llenos de temor y curiosidad. Una vez dentro, un resplandor que lo  iluminaba todo alumbraba una escena infinita.

Recostada en el suelo, entre mantas, una mujer joven, casi niña, acababa de dar a luz a su hijo. A su lado la partera limpiaba  la frente de la madre y cubría al recién nacido con pañales inmaculados. De pie, un joven  padre contemplaba la escena, lleno de alegría, mientras un alboroto llegaba desde la entrada.

En el dintel del rellano unos seres con  extraños trajes acababan de entrar y miraban sorprendidos. La madre sostenía entre sus brazos al recién nacido mientras la cueva se llenaba  de luz.



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                             https://youtu.be/hD4KMp22jBg