QUIZÁ
Quizá las letras del destino no supieron escribir su nombre, quizá el sueño de la vida no supo soñar su momento, quizá el deseo no supo dar forma a un anhelo, quizá porque quedó a medio nacer o porque no debía de nacer ni ser escrito ni anhelado, ni ser soñado siquiera, quizá.
Pero las notas en blanco y negro de su música vital resonaron en el piano de la vida con las luces del alba. Y con la Vida llegó el color, y llenó de colores las cortinas de aquel amanecer, y también dibujó sueños azules entre las aceras grises del día.
Y le puso nombre a las paredes blancas de los sueños, y soñó en azul las letras sin forma de los deseos, y deseó sueños en la almohada infinita de lo imposiblemente posible.
Por el camino anguloso de un mundo llamado tiempo unas nubes con
formas de números corrían por su cielo marcando instantes precisos de un algo que llaman vida.
Supo de lo efímero de aquellas nubes, y corrió hacia el horizonte tras ellas. En lo profundo de una curva, en el presente cercano, a los pies del sol una fuente con dos caños escribía realidades líquidas en el papel del día.
Un caño manaba nubes con agua de números, que a golpe de una música de tic tac ascendían presurosos hacia el cielo. Del otro caño nacía agua con forma de letras que se unían después formando un pequeño lago con forma de deseo que invitaba a escribir un sueño entre renglones de agua.
Llenó sus manos de tiempo y buscó en su corazón ausente un sueño para vivir, una vida para soñar. Escribió con letras de ilusión sus anhelos entre aquellos renglones azules de agua.
Las nubes del tiempo y los números se fueron haciendo transparentes y ya eran pasado tras cada instante, mientras las letras buscaban afanosas una playa de papel donde escribir presentes. Y se fueron secando los números, y las letras al paso del tiempo comenzaron a evaporarse.
Sintió que un viento de realidad lo arrastraba hacia el horizonte, y un océano de olvido lo envolvió. Sobre la base de la fuente de las letras una palabra quedó medio escrita entre las cenizas del tiempo.
Sobre la arena húmeda de la fuente del tiempo y las letras un deseo a
medio escribir estaba siendo borrado por el aire seco del presente. La palabra VIVIR no vería el amanecer.
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