viernes, 13 de julio de 2018


                                                            MI VENTANA

Cualquiera que la vea piensa… es una ventana más, como otra cualquiera. Con su marco de madera, sus postigos y sus visillos para atenuar el sol, para vestir de blanco los sueños. Un ojo cuadrado por donde mirar el horizonte, un espacio entre cal y tierra para que el aire perfume de vida el muro blanco de aquella pared. Una ventana más dicen. No, esta ventana no es una más. Es mucho más que eso, es un universo con marco azul.
Cuando amanece los primeros rayos del sol llegan hasta su piel madera y la acarician. Y el día anuncia su llegada jugando al arcoíris con los folios transparentes de los cristales.
 La luz resuena con notas de oro  cuando sus dedos mágicos  traspasan las fronteras  de los visillos e iluminan un universo en espera hecho de folios en blanco, un dedo azul de cristal y tinta, y la madera hermana de una mesa soporte de un corazón que ama y sueña.
Cuando se abren sus alas de madera y azul el aire nuevo inunda de luz y vida un mundo hasta ese momento dormido. El aroma de la vida entre hasta el último rincón del alma y llena aquel universo de colores y canciones de rosas y jazmín.
El sol extiende sus brazos luminosos y escribe poemas de luz y sombras sobre un paisaje con geometría de libros y música entre estanterías de callada quietud.
Cuando la tarde escribe letras de fuego una persiana azul dulcifica los fulgores y contempla extasiada el canto monocorde de la chicharra y el cuco. El aire, ardiente y seco, se ha recostado entre los cercanos encinares y dormita a la sombra de la madrencina y  el padreolivo .
Quietud y calma, chicharra y cuco, calor y luz sobre silencios de plomo y fuego. Recortándose sobre el lejano horizonte la sierra viste de azul y ocaso los últimos pasos del día por el camino del atardecer. Jugando con el sol que se va las nubes se han vestido de algodón y púrpura y el horizonte se hace pentagrama. Las notas fluyen hasta la ventana en tímidas y cálidas canciones de ocaso, y el aire se va llenando de silencios y tenues sombras,  mientras resuenan a lo lejos los pasos del cercano anochecer.
Ahora el horizonte es una línea entre azul y negro que funde cielo y tierra. La luna llena no tardará en aparecer y  se asomará llena de plata y luz  por entre las rendijas de la ventana entreabierta. Hasta ella vendrán el aire fresco de la noche y el aroma de la tierra que duerme, el olor de los sueños titilantes de las estrellas y la canción eterna del arroyo hermano con su coro cotidiano de cañas verdes.
Vendrán también las luciérnagas ambarinas de una mirada en duermevela  y las estrellas fugaces de otros sueños al borde de un folio.
Tras la ventana la noche camina por senderos de entre sombras con pasos de silencio a la luz de la luna. Es la hora de cerrar las alas de madera a la espera del nuevo día.
Es una ventana más, una ventana cualquiera dicen. No, es mi ventana. La ventana de mi ático, allí donde nacen mis sueños, donde se encienden mis letras, donde dibujo mis anhelos en el lienzo de un folio, donde resuenan sonoras las cortinas de mil músicas decorando mis sueños.
Ventana a la esperanza, mirada azul al horizonte, corazón abierto al reencuentro con el día, abrazo en la cita con la noche, compañera y amiga, testigo y cómplice…Ventana de mi ático.  
 
   
                                               Imagen bajada de la red
                                               https://youtu.be/sqxbZq7d86Q
 

viernes, 22 de junio de 2018


                                                      UNICORNIO AZUL

¡Ya tenía un unicornio, y de color azul su color favorito!  En lo más  profundo de sus deseos, en lo más hondo de sus anhelos, en lo más transparente de sus sueños, allí en ese lugar donde brota la esperanza, una figura etérea se recortaba sobre las fronteras transparentes de un folio en blanco.
Había extendido sus madrugadas a solas a la luz plateada de la luna llena, había vivido sus días a la luz del sol en la almohada blanca de calles encaladas y labios rojos de tejas en flor.
Había hecho con la música las cortinas que adornaban el salón de estar de su corazón, y había puesto paisajes musicales en las paredes etéreas de un corazón en duermevela. Había hecho de sus pasos un camino con renglones azules, con puntos seguidos de abrazo infinito al amanecer, con punto y aparte cuando el sol se duerme y despiertan la luna y las estrellas.
Hizo de su mirada un espejo de mar y universo, donde reflejar las miradas que se perdían a la luz del ocaso, y aquellas que se encontraban en las puertas del amanecer, en la calma azul de un mar lleno de letras, de un folio hecho de besos.
Y soñó amaneceres abrazado a una realidad con ojos de universo, con atardeceres de la mano de una mirada espejo de la tarde. Y aspiró el aroma de mil jazmines a flor de piel, y sintió olas de seda y rosas al tacto infinito de unas manos hechas de olas en el mar de un abrazo.
En la arena encarnada de su boca ha guardado el tesoro de coral rojo que unos labios a punto de beso ha derramado sobre su boca, dejando un sabor de miel e infinito. Había guardado sus sueños en el terciopelo azabache de unas pupilas hechas de universo.
Sus caricias las guardó en la seda blanca de unas manos de rosa y miel, y sus sueños los durmió en una almohada de blanco infinito, entre los pliegues azules de letras en flor, en los caminos etéreos de renglones cobijo de los sueños.
Quedó anclado sus pasos en el puerto sin riberas de un bloc de playas  azules. Y su tiempo quedó dormido  entre una esfera sin final y un espacio sin números y sin tic tac. ¡Tenía un unicornio ¡ Y sonrió feliz como nunca había sonreído.
La ventana del día se ha abierto llenando de luz y aromas   una mesa cubierta de sueños y tapizada de música. Un folio en blanco recoge su espera  y la guarda entre renglones. A su lado un bolígrafo azul aún duerme cubierto con su capuchón.
Quizá esta noche u otro día, quizá aparezca el unicornio o quizás no, porque nunca hubo unicornios, ni siquiera los azules. 
 
                   
                                                Imagen bajada de la red
                                             https://youtu.be/zcQ5uID_JkQ          

viernes, 1 de junio de 2018


                                                         BUSCANDO

San Isidro está de fiesta y la alameda es una sinfonía de colores nuevos y de aromas a primavera en flor. La gente se extiende por toda la arboleda llenando el aire de risas y alegría. El cercano  arroyo Cañuelo viste traje transparente de agua cristalina y canta canciones de fiesta al pasar junto a  la alameda.
Inhiestos de eterno verde los eucaliptos arropan con sus sombras a las personas que se han juntado a sus pies, y se cubren de los primeros calores del florido Mayo.
Sorteando árboles y traspasando risas unos pasos se van alejando por entre grupos de gente. Tras un tiempo caminando han llegado a un lugar conocido. Allí donde el arroyo hace un recodo, un remanso donde las ranas cantan y los peces parece que juegan  al escondite.
Allí donde un almendro y un limonero se dan la mano y juntan  sus flores para vestir de  blanco la primavera. Allí, en los brazos de sus ramas, unos jilgueros han hecho sus nidos y vuelan incansables entre trinos.
Los pasos se han detenido junto a unas piedras como descansando. Unos ojos de azul turquesa buscan afanosamente en la clara de la alameda, tras la cercana línea de eucaliptos. Y busca un recuerdo detenido en el tiempo, un sentimiento dormido entre el agua cristalina del arroyo y el trinar irisado de los jilgueros. Y su mente viaja hacia atrás, hacia ese tiempo que se quedó prendido entre el almendro y el limonero, entre las rojas amapolas y blancas margaritas.
Y cerró los ojos y volvió a ver el color de la primavera en unas pupilas de universo, en unos labios de rojo enamorado. Y sintió a la vez la seda de unas manos entrelazadas, y el despertar de la pasión de unas olas hechas caricias en el mar de su piel.
Sintió también la emoción de compartir un sueño tras una mirada espejo de la tarde, y compartió ilusiones mirando el horizonte hecho paisaje. Recordó el momento infinito de hacer un folio de la piel madera de un cercano eucalipto. Y grabaron un corazón con una flecha cruzada y sus iniciales unidas por un sueño y un deseo. Cogidos de la mano, mirándose, dejaron pasar el tiempo, lo único que no importaba.
De nuevo entre las gentes ha cogido una amapola y una copa de vino, y alzándolas hacia el cielo ha brindado sonriendo. Al otro lado de un folio con árboles de letras unos labios hechos besos han brindado en el aire una sonrisa, mientras los ojos se llenaban de recuerdos.  
 
                
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                                      https://youtu.be/layW4vGC2uM

sábado, 12 de mayo de 2018


                            ELLA LO SABRÍA

Con la inocencia iluminando su mirada azul, con la ilusión acelerando su corazón, se aproximó hasta aquel aula ahora vacía. Todos estaban en el recreo menos él. Con la excusa de ir al lavabo llegó hasta la clase, y una vez dentro se aproximó hasta el universo oscuro de la pizarra negra. Borró fórmulas y letras, dibujos y figuras, y quedó limpio aquel universo donde iba a colgar sus estrellas.

Con las manos casi temblando cogió una tiza. Con infantil emoción dibujó algo parecido a un corazón,  y lo atravesó con una flecha, tal como había visto hacer a los chicos y chicas mayores. Encima del corazón trazó unas líneas que querían ser letras y que la emoción hizo eternas con luz blanca de tiza enamorada.
 Eran las iniciales de aquel nombre, las letras de aquella mirada que ponía música en su corazón  y estrellas en su mirada. Debajo del corazón, como con miedo, puso sus iniciales llenas de ilusión e inquietud, y miró esperanzado el negro folio de la pizarra. Inquieto por si lo veían, llegó hasta la puerta. Miró una vez más hacia la pizarra y sonrió feliz. Al fin ella lo sabría.

Aquel atasco,  una vez más, un día más, hizo que llegara tarde, cuando casi todo el mundo había entrado en clase. Camino de su aula, en el pasillo vió las taquillas, ahora calladas, solitarias, alineadas en su vida gris plata y acero. Y se paró ante una de ellas. Un nombre, aquel nombre que encendía sus sueños, destacaba con colores juveniles sobre un folio de plástico transparente.

Tras pensarlo un segundo sacó un papel de su carpeta azul y con trazos nerviosos dibujó unos números y un corazón, y tras doblarlo lo introdujo por una rendija del respiradero. Era su número de teléfono escrito en papel amarillo, el color preferido de ella. Y se encaminó hacia la clase. Una vez allí el saludo de rigor a todo el mundo, y una mirada buscando.

 Al otro lado de aquel folio hecho clase,  unos ojos de universo,   unas pupilas llenas de estrellas, dibujaron una mirada de bienvenida, y una sonrisa de arcoíris encendía de colores la ventana de un encuentro enmarcado de silencios. Al fin ella lo sabría.

Nunca pasaba, o casi nunca. Encontrar aparcamiento era casi imposible, aunque hoy tuvo suerte. Quizá influyó que hoy apenas había tráfico, y que llegó un poco antes que siempre. Llegó a la oficina cuando apenas había nadie.
Mientras tomaba un café una idea tomó cuerpo en su cabeza. Cogió un bolígrafo y un papel adhesivo. Con emoción contenida dibujó un corazón y unos números, y tras comprobar que nadie lo veía llegó hasta aquella mesa donde él perdía su mirada. Con los nervios a punto de veinte años, con sumo cuidado, pegó aquel papel en la pantalla del ordenador.

 El ascensor se detiene en la puerta de la oficina y un grupo de personas llegan a su diario quehacer, mientras otras se paran ante la cafetera. Entre aromas de café y perfumes irisados, una mirada cargada de estrellas sonríe al encuentro con un mar con olas de ilusión. Sobre una pantalla negra hecha pizarra, un papel amarillo hecho deseo aguardaba el momento  de ser leído. Al fin ella lo sabría.

Como cada día, puntuales, las chicas repartían la comida. Como cada día se sentó en su silla de siempre, en su mesa de siempre, y con sus amigos de siempre. Pero hoy no quería hablar, no quería arreglar el mundo ni hablar de nada. Hoy solo tenía una idea en su cabeza.
Con mano trémula sacó de su bolsillo un papel doblado por la mitad, en él había anotado su número de teléfono,  y con emoción infinita lo puso junto al plato sin que se viese. Mientras comía en silencio su mirada se perdía una y otra vez unas mesas más allá. Allí unos ojos brillantes de estrellas y una mirada de universo encendían de amanecer el momento infinito del encuentro. Y una sonrisa de rosa roja ponía aroma de primavera a un otoño entre las manos.
Nervioso esperó el momento hasta ver  que llegaba el carro con los postres. Al llegar a su lado deslizó su mano con el papel bajo la bandeja del carro dejándolo pegado. Y miró hacia la otra mesa. Al encontrarse las miradas le indicó el carro y su mensaje. Y el carro llegó hasta aquella mesa, y miró embargado por la ilusión y la esperanza. Al fin ella lo sabría.


                                     Imagen bajada de la red
                                     https://youtu.be/-4ZV8TDgxQY

domingo, 22 de abril de 2018


                                                                    SOBRE …

Sobre una mesa hecha de azules, a la luz de una ausencia dolida, ha extendido esta madrugada sus letras hechas en carne viva.
Ha extendido sobre la madera hecha lienzo los recuerdos no vividos, aquellos que nacen de lo imposiblemente posible. Ha esparcido también los deseos imaginarios que se duermen en las nubes de los sueños.
Ha cubierto de letras azules los folios blancos de un millón de sueños al otro lado de una almohada. Ha hecho un camino entre renglones azules con los miles de pasos andados por las calles grises de la madrugada a solas.
El blanco y negro de un pentagrama en silencio lo ha llenado con el arcoíris de mil canciones hechas paisajes, para decorar el salón de estar de un sueño en espera. Ha guardado en un  tarro hecho de caricias las esencias que florecen en la naciente primavera.
Ha escrito sobre la arena de una caricia las olas de sensaciones que nacen en el mar de una piel en añoranza. Sobre el horizonte dorado de unos ojos al ocaso ha dibujado lo infinito de una mirada, lo efímero del tiempo en una esfera sin agujas ni números.
El trinar jubiloso de una sonrisa lo ha hecho lámpara  y tapiz para iluminar los rincones que se encienden a la luz de sus vivencias. En una caja transparente hecha de sueños ha guardado la magia irisada que nace en el instante supremo del beso al amanecer.
En la almohada blanca de su abrazo en espera ha soñado mil vivencias con las manos entrelazadas y las miradas fundidas en un momento vital e infinito.
Sobre una mesa hecha de azules ha extendido sus letras una noche más, una vivencia más. Una sonrisa al otro lado del folio ha escrito esperanzas con las letras encarnadas de un beso a contravía.
 
 
                                       Imagen bajada de la red
                                       https://youtu.be/izIHNzHiUPE

viernes, 30 de marzo de 2018

 

                                                A QUÉ DISTANCIA

En este momento sutil, cuando la luz vaga buscando un hueco entre rendijas de sombras, cuando la música de la soledad resuena en blanco y negro. Ahora, que la mesa de la madrugada se cubre de sueños en blanco, y el corazón se funde en una figura transparente que late en azul. Ahora, que todo se vuelve como a oscuras, que todo se hace silencio y se transforma en distancia.  Ahora….
A qué distancia de la realidad se duermen los sueños que nacen a contratiempo de lo vivido. A distancia del arcoíris laten en blanco y negro las letras que nacen azules, y viajan en las nubes de los folios hasta los paisajes infinitos de un libro en blanco.
A qué distancia del amor quedan los deseos que nacen en la cuna del corazón para hacerse sutiles ilusiones en el cielo de una mirada. A qué distancia del pentagrama suenan las notas que nacen a oscuras en un piano hecho de ausencias y silencio.
A qué distancia del corazón laten esos momentos que se hacen pasos de plomo por los caminos sin renglones de un poema en solitario. A qué distancia se escucha la canción gris de la lluvia al otro lado de una mirada, de unos ojos bañados de atardecer, reflejo de mil preguntas.A qué distancia del amanecer se duerme la redonda soledad de una madrugada a solas, de un tiempo a oscuras que busca la luz del nuevo día en la ventana de un abrazo.
 
A qué distancia de una caricia quedan los abrazos en sequía que escriben anhelos en el aire, abrazos en la nada que unen las riberas transparentes de un sueño en dos almohadas.
A qué distancia del  tiempo se guardan los latidos en forma de tic tac que escribe un corazón sobre las paredes transparentes de un sueño en duermevela.
A qué distancia quedan los pasos sin andar, esos que impide la ausencia, donde se escriben las palabras por decir, esas que calla el miedo, donde van las miradas por encontrar, esas que borra la noche.
A unos sueños de ti he fundido una distancia entre azules deseos, y abrazado a tu mirada he dormido mis sueños en la almohada de tu beso. 

 
                                   Foto Pepi Enciso Pizarro
                                   https://youtu.be/pYRR8K4Keck
   

sábado, 10 de marzo de 2018


                                               QUIZÀS ALGÚN DÍA

Quizás algún día. En la frontera transparente de una nube hecha de incertezas la duda escribió sus sueños con unas letras de esperanzas, y encendió unos deseos que iluminaran aquel sueño.

 Quizás algún día. En los bordes azules de unos renglones hechos caminos unos sueños escribieron sus pasos con pies de tinta y deseo, y guardaron sus mundos entre  los perfiles blancos de folios a la luz de la esperanza.

Quizás algún día. Las notas en blanco y negro de un piano en la ventana de la madrugada sueñan el arco iris de una partitura hecha sonrisa y la sinfonía  verde primavera y mayo en la mirada, cuando los ojos se hacen espejo del amanecer.

Quizás algún día. Aquellas letras nacidas de negra ausencia y cristal de espera aguardan en la sala en blanco de un folio a  que un dedo lleno de azul y calor encienda sus formas para ser golondrinas,  para volar en una vivencia por el libro de los sueños.

Quizás algún día. Aquel espejo, de transparente irrealidad, borró sus formas difusas y encendió su sonrisa con marco de plata, esperando las notas irisadas de un atardecer guardado en una esquina de la tarde.

Quizás algún día. Los deseos que nacen en el folio de la soledad se han quitado sus ropas transparentes  y caminan con letras de ilusión a la espera de ser realidad en el universo de un abrazo a la luz del día.

Quizás algún día. Aquellos besos, envueltos en sequía y ausencia, rompieron los folios de su soledad, y con los labios llenos de rimas y caricias en flor, llegaron al mar de los sueños, esperando ansiosos las olas rojas de otros labios a punto de beso.

Quizás algún día. Aquellas manos, cansadas de caricias en vacío, de senderos por las calles de la nada, han guardado entre sus dedos la luz del amanecer a la espera de otra caricia al otro lado de un folio.

Quizás algún día. Aquellos brazos, resecos de abrazos en sequía, áridos de beso y yermos de calor, han callado su voz de angustia, y envueltos en esperanza se han fundido con un beso de arco iris a la luz de una sonrisa.

Quizás algún día…



                                         Foto Pepi Enciso Pizarro
                                         https://youtu.be/9olcTJmDphA

sábado, 17 de febrero de 2018


                                                PASOS DESCALZOS 

Había recorrido la noche con pasos azules cobre un folio gris de asfalto y madrugada. Había recorrido las calles mientras las aceras apagaban sus rumores de miles de voces, el grito metálico y gris de mil bocinas en el aire, el paso acelerado de la prisa infinita.

Siguió después camino por una senda tachonada de notas de colores, pasos vestidos de cadencia y olores infinitos con sabor a mil mundos en las fronteras   de un sueño vestido de ilusiones.

Había llegado al amanecer con los pasos cansados y doloridos  hasta un folio en blanco hecho de arena. Tras descalzarse bañó sus sueños en la almohada líquida de un mar en calma. Y escribió pasos con letras de espuma entre renglones azules de olas.

Prosiguió su caminar y sus pasos llegaron al mediodía entre caminos  a la luz del sol y veredas con sabor a sombra y amapola. Al olor dorado de una conversación en el aire siguió caminando, y cruzó sus pasos con trajes brillantes de charol, con estilizados vestidos de colores de arco iris y con agujas de altura infinita vestidos de equilibrio mágico.

Ha recorrido otros caminos de las manos de otras letras. Sendas cubiertas de azules, de ocasos y universos en la mirada, de colores en horas oscuras y de músicas que iluminan el silencio.
  
Cuando ya el ocaso encendía sus luces de oro y rosa cambió su caminar e hizo de sus pasos un traje de colores cambiantes, mientras el tiempo también cambiaba la senda, ahora de verde primavera, hecha de árboles en flor, ahora de dorado albero a la luz del ocaso o el elástico corazón de un negro interminable.

Se han encendido las luces de la noche al otro lado del camino, en la acera de la vida. Una mullida alfombra con forma de babuchas acarician sus pasos mientras las luces se han tornado ambarinas. Sus pasos se han vuelto ahora  un callado caminar por el aire. Ausente de camino el andar se torna silencio a la espera de nuevos trajes por vestir, nuevos caminos por contar.

Y mientras recordaba la senda andada, mientras repasaba su caminar, ha llegado a un banco de madera y ha tumbado sobre él sus pasos    cansados. Ha descalzado sus pies y ha puesto los zapatos en el suelo.

Con la mente soñando en azul y los pies desnudos, ha iniciado un nuevo anhelo con el alma y el corazón en carne viva sobre la tierra desnuda. Ante su mirada, el folio en blanco del nuevo día, pintaba renglones azules para escribir nuevos pasos con letras nuevas.   


https://youtu.be/1Wzi2iixgIE

sábado, 27 de enero de 2018


                                                      YA SE FUERON

Ya se fueron madre las golondrinas. Ya se han quedado como a oscuras las calles del día. Se han quedado como a solas las aceras de la tarde, se han quedado como ausentes los renglones  oscuros de los cables de la luz, vacíos de rimas y de trinos.  Ya lloran su soledad y su vacío los maderos centenarios de mi ático a solas, donde dormidos quedan en dulce espera las cunas de barro de sus nidos.
Ya se fueron madre las golondrinas. Ya se quedaron mudas en el tiempo las rimas en blanco y negro de sus letras en el aire. Ya no juegan con el aire las notas de trino y rima de sus vuelos al calor del día. Ya no huele el aire a versos en flor, ni la tarde se pierde entre olores a letras nuevas, ni el sol juega al escondite con las nubes en el ocaso, ni se hace espejo la tarde de una mirada a contravía, ni huelen los versos a flores nuevas, ni saben los besos a deseo encadenado.
Ya se fueron madre las golondrinas. Ya no resuenan sus pasos de alas enamoradas por el aire helado del invierno  en un folio ausente. Ya no se encienden doradas y azules las letras de sus  ojos sobre   el folio a solas de un amanecer con lluvia en la ventana. En un rincón de la tarde, como muerto, yace en transparente espera el bolígrafo azul de un sentimiento, aguardando el momento luminoso y verde del retorno de la primavera.
Ya se fueron madre las golondrinas. Ya no llegan hasta la ventana de mi ático los ecos azules y ambarinos de sus cantos con letras de carne y beso y notas en pentagrama a la luz de los sueños. Ya se quedan mis letras a solas, y se quedan a oscuras mis sueños, y el corazón no rima deseos, y mi día se hace noche sin tiempo, y mis manos abrazan el aire y mis ojos lloran silencio.
Ya se fueron madre las golondrinas, las azules golondrinas ya se fueron. Mañana cuando sea primavera, cuando amanezca un día nuevo, volverán madre las golondrinas, volverán  para llenar el silencio, para escribir esperanzas con olores y trinos nuevos, para ser luz, color, aroma, camino y sueño.
Mañana cuando sea primavera, cuando amanezca un día nuevo, volverán madre las golondrinas, volverán a ser sueños, volverán cuando renace la vida, cuando se encienden los días, cuando la noche es un verso, cuando las letras son olas en la playa de un deseo, cuando la arena es un folio, sin riberas, ni forma, ni tiempo.
Volverán madre las azules golondrinas.
 

                                         Imagen bajada de la red.
                                         https://youtu.be/1UDbXcnL1I8
 

       

domingo, 7 de enero de 2018


                                                DESNUDO BAJO LA LLUVIA

Le habían invitado  a una fiesta y, aunque no era amigo de saraos, había decidido ir. Era una fiesta de letras, donde se darían cita muchos como él, muchas letras con mil formas y colores diferentes, y otros mil temas tratados o por reflejar. Como condición de entrada habían impuesto vestir traje y un escrito con las letras más sinceras de cada repertorio personal.
Rebuscó entre decenas de vivencias, y vio letras de verde esperanza, con olor a mayo en flor y canciones de jilgueros enamorados a la sombra de un limonero. Vio letras de secano y amapolas, cuando el fuego de agosto pasea por trigos recién segados y soñolientas encinas.
También vio letras vestidas de otoño y ocre, con suelo alfombrados de sueños eternamente dormidos tras el paso del tiempo. Y vio letras con formas de frío y escarcha, con viento helado en sus espaldas y llanto de nubes grises en sus ojos, y voces de trueno y relámpago.
Sacó de su mesa un cuaderno de tapas azules donde guardaba todas sus vivencias, y buscó entre sus páginas aquella que creía su mejor espejo ante la mirada inmaculada de un folio. La dobló son sumo cuidado y la  guardó en un sobre.
Ahora era el momento de elegir el traje para la fiesta. Miró en el armario y vio uno de color gris, usado en momentos apagados, allí donde se imponían la lluvia y el silencio, la ausencia y el recuerdo. Compañero ideal de viajes por  el interior de uno mismo a la luz de una candela y rumor de lluvia tras el cristal de la tarde.
Tenía también un traje en tono naranja, ideal para esos momentos en los que la felicidad desborda los límites de un folio, donde cada segundo es un arco iris de emociones, y las letras se unen en un corro infinito para guardar sensaciones entre sus manos.
Y luego también tenía el más elegante pero también el más usado, un traje hecho de cristal transparente. Válido en cualquier momento y situación, dejaba ver su alma transparente y cómo latía en azul su corazón líquido. Tras dudar unos segundos eligió el traje de cristal, y al momento de ponérselo sintió aquel roce cristalino y seductor de una transparente caricia.
 El tiempo se le echó encima, y guardando el sobre con sus letras en un bolsillo, salió hasta la calle. Al abrir la puerta vio cómo la lluvia escribía poemas de gris y agua en el folio de las calles. Llovía sin cesar sobre aceras que se hacían espejos de un llanto infinito, que vestía de gris y agua el cielo de la tarde. Sin tiempo de volver se cubrió con su capuchón azul y corrió para llegar a la cita.
Con los ojos semicerrados para evitar la lluvia, apenas pudo ver aquella hoja de un árbol que yacía empapada bajo sus pies. Al pisarla resbaló y cayó cuán largo era, y sintió como se rompía en mil pedazos su traje de cristal.
Se levantó del suelo con el cuerpo dolorido. Recogió el sobre con sus letras y se encaminó a la cita. Y así, desnudo bajo la lluvia, enfiló el camino hacia el encuentro con otras letras, al borde de un folio en blanco.
 
  
                                       Imagen bajada de la red
                                      https://youtu.be/vqVLpJNfQVg
    

viernes, 15 de diciembre de 2017


                                                             DOS IGUAL A UNO

Hoy se encontraron dos mares y una sola playa al borde de un folio donde acunar letras azules, dos océanos en duermevela y un solo malecón donde rimar letras en forma de espuma. Dos sueños con almas transparentes soñando soledades en el blanco espacio de la soledad a solas. Dos playas en mundos opuestos con un mar de silencios en sus arenas, dos lunas sin fases menguantes, siempre nuevas, siempre crecientes en anhelos, siempre llenas de deseos.
Dos silencios fundidos en una sonora distancia que se rompe con las luces del alba, dos notas de blanco y negro, solitarias, en   un piano sin teclas, que se tornan irisadas cuando la luz del reencuentro ilumina los siete cielos de sus acordes, siete peldaños en su escala al cielo.
Dos pasos convergentes en el camino hacia la nada, dos paralelos de luz con destino al amanecer, dos paisajes con horizontes de mar de encinas y  barbechos de olas en la playa de un día sin vivir. Dos anhelos que resuenan a cuatro manos en el piano del atardecer, dos arenas de un mismo mar, dos mareas a contravía, con rumbo a playas de horas a oscuras.
Dos silencios al borde de un arco iris hecho de letras, dos músicas con nota de pincel y latidos. Dos alboradas en el horizonte verde de una esperanza con luces de universo en la mirada. Dos manos que unen el vacío de un sueño con los dedos de un beso en ausencia.
Dos miradas que se abrazan en un mismo horizonte cuando se hacen espejos de la tarde. Dos gotas de lluvia que juegan a ser cortina líquida y llegando hasta la tierra sembrarla de esperanza.
 Dos nubes para jugar al escondite con el sol en las paredes del atardecer, dos curvas en el camino de la vida para jugar a abrazarnos con el aire. Dos espejos y un mismo corazón, dos imágenes y una misma retina, dos letras para un yo fundido en el otro mismo.
Abro los ojos a la suave luz que me despierta. Juegan los jilgueros a vivir a la sombra de un limonero mientras cantan alegres.
Tu mano sobre la mía, tus ojos sobre los míos. Sonríes, sonrío. DOS igual a  UNO.  
 
 
                                             Imagen bajada de la red. 
                                             https://youtu.be/1KbauuM9EhY             

viernes, 24 de noviembre de 2017


                                               SI PUEDIERA ESTAR

El muro  a oscuras de los sueños a solas se va iluminado tenuemente tras cada paso del tiempo, por unas calles de blanco encalado, por unas paredes que bailan con sombras azules, al son de los dedos del sol.
El aire pesado y sordo de tantas noches a solas es ahora suave brisa con aroma de cañuelo en flor y rimas verdes de cañas eternas, caricias recién nacidas con perfume de amapolas en campos de esperanzas. La luna, eterno espejo de plata colgado del techo del cielo, borra su cara menguante y luce llena en su paseo junto al sol por las aceras del día.
Con un suspiro se cierra la ventana del corazón y se guardan todos los sueños, anhelos y deseos, en un  pequeño baúl. Y se cierra la tapa   con la llave de un beso en sequía, con la cerradura de un abrazo en espera. Llave y cerradura, beso y abrazo, quedaron fundidos en unas letras que poco después ardían en la hoguera de la tarde.
Al llegar de nuevo  la noche aquellas cenizas volaron entre nacientes estrellas, más allá del horizonte, camino de un infinito que quedó prendido en la luz púrpura de un amanecer, en la mirada infinita de unas pupilas de oscuro universo 
 
  
                                              Imagen bajada de la red
                                              https://youtu.be/f3fHDt4xQFw

miércoles, 25 de octubre de 2017


                               ESCUCHANDO AL OLVIDO

Se ha sentado una ilusión esta tarde en un banco de un parque bajo la ventana de mi ático. Ha perdido la mirada una y mil veces tras el paisaje amarillo de mil hojas en danza infinita hasta el suelo. Ha mirado otras mil veces más tras el lienzo tachonado de oro y rosa que el sol dibuja en la cortina del atardecer.
A escuchado por enésima vez la canción de espuma y olas que el mar canta desde la cercana playa, espejo de arena con versos de agua y letras de espuma y rompeolas con olor a sal y poniente.
Sus ojos han leído una y otra vez las letras que han escrito mil golondrinas en flor sobre un cielo que huele a verso y silencio. Sus oídos son el eco infinito de un piano que suena en canciones azules con letras en blanco y negro.
Ha caminado por las calles del día a la luz de anhelos en carne viva y recuerdos no vividos de un corazón entre las manos. Ha parado sus pasos por esquinas en flor y aceras con destino a lo imposible. Ha llorado y ha reído a un mismo tiempo cuando un beso con vestido de jazmín le ha abierto las puertas del presente, y un olor a cañuelo y luna llena ha sido espejo de un sueño infinito.
Esta tarde quiere volar, pero le duele el alma, mira hacia la nada y el silencio se sienta junto a ella. Con voz queda escribe unas palabras en su oído. Una luz se ha encendido en su mirada y una sonrisa ha prendido entre sus labios.
Ha aprendido que el olvido puede ser el aire para desplegar las alas del alma.  



                                         Foto Juan José Hernández Maldonado
                                         https://youtu.be/e4gBmtnyG_A

             
 
 
 

viernes, 22 de septiembre de 2017


 

                                                               RENGLONES 

Sobre la blanca almohada de un folio en espera, con tonos azules de renglones sin final, con notas irisadas de emociones a contratiempo, con letras transparentes de deseo a flor de alma y latidos de piel con el corazón entre las manos, han llegado esta madrugada las sutiles golondrinas de unas letras a contravía.
Cruzando el tiempo que marca una distancia infinita, una cercanía de dos latidos, sobrevolando el horizonte redondo de un reloj en la estación de lo imposible, traspasando muros de espera y paredes de silencio, arrulladoras, inquietas, luminosas, acariciantes, cantarinas, transparentes, susurrantes, ilusionadas, cual sueños en duermevela.
Entre anhelos a contratiempo han llenado el espacio que hay entre la nada y la espera, entre el vacío y el sueño, y han puesto farolas con luz de ocaso allá donde el mar acaricia y mece los sueños, y unos ojos se hacen espejo de la tarde.
Y han hecho un camino en tierra de nadie, un sendero de luz ambarina entre oscuras lunas a solas.  
Sobre la blanca almohada de un folio en espera han llegado, como en un deseo las sutiles golondrinas de unas letras. Sentados al borde   de un sueño unos ojos miran inquietos sobrevolando las letras. Y una pregunta se queda flotando entre azules ...
¿Sabrán leer?  
 
  
                                       Imagen bajada de la red
                                       https://youtu.be/6gNRCoyA4hs

sábado, 2 de septiembre de 2017


                                                                 EL DUENDE

Con manos emocionadas procedió a abrir el paquete que acababa de recibir. Fruto de mucho buscar entre libros descatalogados y viejas librerías aquel ejemplar era un tesoro que al fin tenía en sus manos. Con suma delicadeza desenvolvió el viejo libro y lleno de emociones procedió a abrir su tapa. Al hacerlo una nube imperceptible de polvo daba fe y crédito de que aquellas tapas no se abrieron en mucho tiempo.
Su color amarillento de cera vieja, su tacto duro y rugoso, transportaban a otro tiempo, a otro lugar. Y aquel olor tan especial que exhalaba. Mezcla de tintas vegetales y resinas especiales, olía a secretos, a misterios, a otra época. Y él amaba los secretos y los misterios. Y él, escritor afamado de novelas de intrigas y secretos, rituales y magia, tenía en sus manos un tesoro incalculable, un filón inagotable para seguir escribiendo.
El Canon In D Major de Pachelbel puso el fondo musical para iluminar aquel mágico momento. Una tras otra fue leyendo las primeras páginas de aquel libro tan deseado. Y se fué llenando de luz y de gozo a medida que avanzaba en su lectura.
El tiempo fue pasando hasta que la noche llamó en la ventana de su estudio. Con extrema dulzura cerró las tapas, inmensamente feliz. Se acercó a la ventana y respiró la noche. Septiembre caminaba ya media hoja en el calendario,   y por el parque que había bajo la ventana corría una brisa  suave, mezcla de agosto y otoño, con olor a terciopelo. Las hojas comenzaban a caer tras su trágico baile hasta el suelo, y una cercana farola avisaba con guiños que su bombilla  también sentía el otoño.
Se fué a la cama pleno de emociones y alegría. Cerró los ojos y al momento un sueño profundo y reparador envolvió su mente y su cuerpo. En ese mismo instante un rayo de luna llena encendió un punto de luz minúsculo en el aire. Aquel polvillo casi invisible fruto de quietud centenaria se tornó una pequeña esfera. Giró sobre sí misma y en un  suave volar silencioso recorrió el estudio, y llegó hasta la ventana.
Tras una vuelta más volvió sobre sus pasos y sobrevoló el viejo libro. Entre las hojas amarillentas una sonrisa de luz azul ilumina las letras centenarias. Tras muchos años encerrado entre pergaminos  ahora era libre, eternamente libre. Él vivía de los sueños, y el dueño del libro era escritor, un hacedor de sueños. Y volvió a salir de entre las letras para perderse entre las hojas que caían, en el aire que olía a otoño y los guiños de la farola, en el olor a oro viejo de unas letras centenarias. 
 
   
                                       Foto bajada de la red 
                                       https://youtu.be/NlprozGcs80