EL
CÁNTARO
En un rincón
solitario, como separado de la realidad, cubierto de olvido y polvo,
el viejo cántaro guardaba tiempos en su matriz de barro. Un día
cualquiera, cuando ni el tiempo recuerda, fue a nacer nadie sabe
dónde. Unas manos amorosas le dieron forma y al calor del horno de
la vida su piel barro se hizo fuerte y su alma de arcilla y agua se
agrandó para hacer de su matriz refugio y cueva, despensa y baúl de
vida líquida. Dejó su cuna ignorada y viajó quién sabe por
dónde, conoció inviernos de oscura alacena y calores de despensa en
los veranos. Cubrió su voz de arcilla con tupido velo de corcho para
guardar en lo profundo de su alma aquellas esencias que en su matriz
atesoraba. Guardó un tiempo el oro verde del aceite recién nacido,
con aromas de olivos y dehesa, con sabor de inviernos y tierra madre.
Luego conoció el color del día a lomos del hermano burro en pos del
tesoro del agua y aprendió a bailar al son del paso animal en el
salón de baile de unas aguaderas. Guardó en lo oscuro de su vientre
la frescura del agua ante el fuego del dedo del sol. Y fueron pasando
los días y con ellos el tiempo de ser necesario. Cada vez fueron más
largos aquellos días de oscura alacena sin sentir una caricia
líquida en su vida de barro. Y con el pasar de los días pasaron
también los años, fundidos en la negrura de la habitación a solas.
Un año más
llegó Diciembre y al calor de una candela hermana una idea fue
tomando forma. El viejo cántaro sintió una mano amiga sobre su piel
barro, mientras la idea se formaba ante su único ojo la vida
escribía para él nuevas sensaciones y sintió el cosquilleo de lo
desconocido. Una tarde, al anochecer una inmensa luz llegó hasta
él y se adentró en su cuerpo. También llegaron unas figuras
buscando refugio y abrigo. Al son de una música, su alma se encendió
y todo él se llenó de felicidad. Aquellas figuras comparten hoy
vida e ilusión, la misma que nació un día cualquiera en un lugar
cualquiera, la misma ilusión que hace que dos ángeles de cabello de
oro enciendan cada año la Navidad cantando villancicos ante la Vida
que nace en el interior del viejo cántaro.