miércoles, 15 de junio de 2016





                               PRIMERA ILUSIÓN

 

Como cada mañana a las 11, puntual como siempre, sonó la sirena, y el patio del colegio se llenó de mil proyectos de vida, mil voces en un solo coro para cantar a la vida con mil tonos de risas y de juegos infinitos.
 Unos ojillos vivaces, encendidos de ilusión y envueltos en una nube de esperanza, llegaron hasta el patio. Ansiosos recorrieron el horizonte cercano, buscando entre mil miradas.
Una y mil veces sus pupilas de universo recorrieron los puntos cardinales de aquel recreo, buscando. Cada segundo que pasaba era un poco más camino del desasosiego, y su corazón latía más deprisa envuelto en desazón, mientras sus manos, nerviosas, encerraban un  pequeño secreto entre los delgados barrotes de sus dedos.
La esperanza daba ya sus últimos pasos, el recreo casi tocaba a su fin a golpe de sirena, cuando al borde mismo de un rayo de sol, entre las faldas verdes de un viejo sauce, una mirada de azabache y noche de enero  iluminaba las hojas de aquel poema vegetal de llanto eterno,    y fue a posarse sobre una sonrisa de arco iris, que   se ha encendido en sus labios mientras el corazón late más deprisa aún ante el espejo oscuro de aquella mirada susurrante. Quería llegar hasta ella, contarle, decirle, para respirar aquel aroma que le envolvía, para sentir como se encendía su amanecer cuando la veía llegar cada mañana.
Para dejarse iluminar por aquellas pupilas de universo cuando pasaban a ser espejos de la tarde, cuando era la hora de guardar el día en una cartera repleta de proyectos de vida.
Un rayo de luz se ha encendido cuando sin querer o acaso queriendo se han cruzado las dos miradas. La de ella, primavera en flor con olor a jazmín y rosas en las mejillas encendidas, estrellas del cielo en enero en sus pupilas oscuras, luz infinita de amanecer envuelto en esperanza, en su sonrisa abierta. El, vestido de eterna timidez, con mil golondrinas volando en un cielo por descubrir, con mil rimas de letras azules en su pico y un libro blanco de folio eterno en su mochila.
Durante  un tiempo infinito, en un instante eterno, se han encontrado dos miradas escribiendo un sueño en el aire.
Puntual, como siempre, ha sonado la sirena que indica que se ha acabado el recreo y es hora de volver a clase.
Bajo la  sombra de verde eterno de un viejo sauce, una sonrisa de amanecer y unos ojos de universo se han encontrado en el espacio de un deseo, en un rincón del día, en una página de un libro de diez años.
 
 
                                Imagen bajada de la red.
                                          https://youtu.be/-4ZV8TDgxQY

2 comentarios:

  1. La sirena que yo recuerdo de entrada, salida y recreo era un disco de ABBA que repetía sus canciones día tras día, convirtiendo esa música en la banda sonora de aquellos maravillosos años de mi infancia, de la que tantos y tan bonitos recuerdos conservo y que revivo cada vez que suena... "Chiquitita...", por ejemplo.

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  2. En aquellos otros recreos sonaba María Ostiz,con " Naveira do mar "y Miguel Rios con su Himno a la alegría. He puesto la sirena por tenerla hoy al lado.

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